EL COMEDOR DE LA ABUELA

EL COMEDOR DE LA ABUELA

En la casa de la abuela, como seguramente en la mayoría de los hogares capitalinos, el comedor era el centro del hogar. Su vida estaba en función de los quehaceres de la casa y dentro de ellos el más importante desde mi punto de vista, la preparación de la comida. Mis dos abuelas fueron grandes devotas de la cocina y aunque tenían ayuda doméstica, ésta era una labor que nunca delegaban. Ver el amor con el que ellas preparaban, hacían y servían a la familia es uno de los mejores recuerdos de mi infancia y definitivamente fue dónde nació mi pasión por la cocina.

A la hora del almuerzo, en la casa de mi abuela materna (Leito) llegaban casi todos los hijos, ella tenía que preparar almuerzo para por lo menos 14 personas y no faltaba el que traía un invitado. En la casa de mi abuela paterna (Gladys), la cantidad era menor pero no menos importante. En cualquiera de las dos casas la hora del almuerzo era motivo de reunión familiar, un alto en la agitada rutina diaria para compartir con los que queremos. Era una hora llena de discusiones y debates, risas y peleas, pero lo mejor era ver como todos llegaban ansiosos por saber cuál iba a ser el postre. Rojas que se respete tiene sopa y postre, sí no no era almuerzo completo.

Salir a mercar con ellos era toda un evento. El día del mercado era sagrado para mi abuelo Bernardo, quien una vez cada 15 días dedicaba toda la mañana a ir a hacer las compras, escoger todo lo que se necesitaba para las siguientes dos semanas. Cada uno tiene sus métodos para ver si la fruta está bien, pero él lo hacía con un cuidado particular, que la forma, el olor, brillo, está o no magullada, un sin fin de características que con el tiempo aprendí a ver y a valorar, entendiendo lo importante que es la elección de buenos ingredientes para obtener buenos resultados, el ritual de comer empieza aquí.

Aunque nunca fueron comidas demasiado elaboradas y mucho menos gourmet, por obvias razones económicas y culturales, el amor puesto en cada preparación se sentía en cada bocado. Esto es lo más importante y es la principal razón por lo que cocinar se convirtió en mi pasión, proyecto de vida y sueño. Lograr transmitir y despertar sensaciones con mis preparaciones es mi sueño, es lo que me hace feliz. El momento más gratificante en todo el proceso de preparación, cocción y servicio, es cuando el comensal muestra emociones entorno a lo que está comiendo, sin importar sí son negativas o positivas. El hecho que lo que estoy preparando despierte sensaciones, evoque emociones e incluso traiga recuerdos, hace que cada día me levante a hornear, cocinar, oler, escoger…

Todo nació en el comedor de la casa de la abuela. El amor por la cocina. El amor de mi vida.

“Cooking is like love. It should be entered into with abandon or not at all.” 
-Harriet Van Horne, “Not for Jiffy Cooks”. Vogue (1956)

camilia phone